De izquierda a derecha: Beatriz Pitarch, Sergio Falces y David Chapín. Aragón Musical de conciertos aragonees en Londres.
De izquierda a derecha: Beatriz Pitarch, Sergio Falces y David Chapín. Aragón Musical de conciertos aragonees en Londres.
Portada del disco “Alice III” del grupo Alice.
Dos trabajos musicales de idéntico homónimo título, “Alice”, preceden el tercer disco de esta banda maña. Sus componentes, Óscar Plano, Luis Javier Velilla, Xavier Ybeas, David Moreno y David Viaña, están divididos entre Barcelona y Zaragoza posible causa de dejarse ver tan poco por los escenarios y, hasta hace no demasiado tiempo, solo en fechas navideñas.
Su última publicación se remonta a 2002 por lo que no haría falta destacar lo esperado de este “Alice III” (definitivamente no se lo curran mucho con el título de sus discos).
En esta ocasión han pintado el álbum, como no podía ser de otro modo, en Barcelona y Zaragoza. En la ciudad condal han realizado la grabación de mano de Josué Pascual y en la ciudad del Ebro, concretamente en los estudios Origamix de Toni de Nuevo, han realizado la mezcla y masterización. El propio Toni, junto a Óscar Plano, vocalista principal de Alice, se ha encargado de llevar adelante una producción protagonizada por abundantes arreglos y pequeños detalles que merecen multitud de escuchas a modo de calidoscopio musical.
Lo elemental del principio nos presenta un lienzo casi en blanco repleto de posibilidades. Así, aparecen, muy desnudos, unos primeros acordes de “Agua de mayo”. No tarda en asomar color y textura con los instrumentos elementales del rock llegando a escucharse en el transcurso del disco incluso violines y violas (“Agua de mayo”, “Fe muerta”, “Aves de luz”, “Cristal pulido” y “El juego”) bien encajados por Iván Peirón, Roldán Bernabé y Llanos Sainz y acordeones y trombones (“Es preciso”) interpretados por Francisco Javier López.
Continuamente aparecen y desaparecen colores que dan paso a arpegios de guitarra limpios y baterías suaves que vislumbran contrastes sonoros en completa armonía con los cuentos y ensoñaciones de los que hablan las letras. Ma atrevo a decir que en ocasiones el sonido pide incluso alectrónica.
De Bowie a Tool pasando por sus paisanos El Polaco lo suyo es lo progresivo; no me atrevería a definirlo como rock, aunque en base, sin duda lo sea, pero en cualquier caso sí progresivo.
En su puesta en escena sobresale lo glam ataviados siempre con disfraces propios de los de cada una de sus visiones sonoras. Como niños en carnaval, así son estos adultos dentro del traje de la música.
Escuchar temas musicales relacionados desde su Myspace oficial: http://www.myspace.com/mundoalice
Texto publicado por un servidor en aragonmusical.com
Portada del disco “El efecto Lupa” de El Niño Gusano, 1996.¡Champán para todos!
Portada del disco “Lengua Luenga” del cantautor Juako Malavirgen.
Ya se sabe que la música, como cualquier otro arte, combinada con el humor, pasa a tercera división para todo cultureta que se precie. El disco debut de Juako Malavirgen va como anillo al dedo para callar bocas. “Lengua Luenga” contiene buenas canciones, está excelentemente tocado, la calidad de la producción es más que notable… Si las letras hablaran de misticismos, tragedias poéticas, los ojos de aquella chica… seguiría sonando bien… aunque, por fortuna, la temática vaya por otros derroteros.
Tras varios años de bolos sin disco editado era obligado que el cantautor zaragozano publicara algo antes o después. Podría haber grabado todo un triple disco pero probablemente Joaquín ha preferido esculpir una decena de temas con un resultado final más pulcro.
Del sonido se ha encargado Nacho Margeli, al que conocemos, además de por bandas como La Comodidad de Anillo, por acompañar a Malavirgen, guitarra en mano, en alguno de sus conciertos.
Juako es hijo de La Mandrágora, con quienes muchos cantautores españoles aprendieron a reírse más y lloriquear menos, y de otros “caraduras” como Pepín tré, Pablo Carbonell, Daniel Higiénico e incluso Albert Pla y Mamá Ladilla. Es, además, Hermano musical de El Sobrino del Diablo, con quien comparte escenario habitualmente. Pero, familias a parte, ha sabido, sin embargo, encauzar su sonido consiguiendo una propuesta sin duda personal.
Juglar del medievo en “Génesis”, “Pedigüeño”, “El Príncipe Destronado”… Bluesman en “No te soporto” -con la compañía de la voz rasgada del monologuista Mariano Bartolomé- e incluso poseído por el espíritu de los mismísimos Café Quijano en “Lengua Luenga” a dueto con El Sobrino del Diablo, en este álbum ha entrado en el juego de vestir la música de risa, o viceversa, como una niña de largas y suaves melenas con sus barbis.
Este trabajo ha sido reconocido como la mejor autoedición de 2008 por los votantes de los X Premios de la Música Aragonesa, subrayado de un modo especial por el periodista musical Matías Uribe que –además- lo calificó con 5 estrellas (máxima puntuación) y destacado por el periodista y cantautor Joaquín Carbonell.
Pero por encima de eso, es un disco honesto, construido con las canciones de un tipo que decidió vivir de la música y lo ha conseguido a base de tocar y tocar hasta llegar a ser el solista aragonés con más conciertos al año. O sea, con mucho trabajo, aunque cuando presenciemos sus monólogos musicales parezca que es todo tan natural como, en cierto modo, es.
Tema musical relacionado. “Génesis”, incluido en el disco “Lengua Luenga” del artista Juako Malavirgen, 2008.
Imagen Walkman.
Hoy se cumplen 30 años desde la venta del primer Walkman. El 1 de julio de 1979 aparecía en las tiendas el modelo TPS-L2 de Sony, lo cual suponía el primer sistema de audio de bolsillo.
Claro que el término “de bolsillo” no es del todo exacto ya que hacían falta bolsillos de los de los pantalones anchos de ahora, que no se llevaban entonces, para meter semejante aparato. Afortunadamente, estos ingenios contaban con una pinza para un cinturón que ensañábamos siempre, por cosas de la moda, con la camiseta o camisa por dentro de los pantalones.
Las tres décadas se cumplen hoy pero por estos lugares perdidos de la mano del dios de la música, hasta bastante entrados los 80, un servidor no cruzó su vista con uno de esos.
Cuando me hice con un Walkman, la verdad, flipé en sonidos. Podía escuchar música incluso en la piscina y además sirviéndome de las cintas que me grababa de la radio desde mi radiocasete, intentando siempre esquivar la voz del pelma del locutor.
En aquellas cintas podías meter prácticamente 20 canciones (si duraban en total 90 minutos, claro) y solucionaban con creces los problemas de transporte de aquellos formatos de vinilo. Cada cinta era simplemente del tamaño… bueno… en realidad eran algo más grandes que un Mp4… de los más gansos… Qué cosas.
Le di una vida muy intensa a ese primer equipo portátil… y al siguiente también… así que aproveché los avances tecnológicos que habían acaecido desde esos primitivos aparatos y, a base de ahorrar peseta a peseta, me hice con un Walkman con radio que era, incluso, auto reverse. Vamos, que cuando acababa la cinta, pasaba directamente a la otra cara. ¡Parecía ciencia ficción!
El rebobinado se hacía habitualmente con un boli bic para no gastar pilas (que escuchando simplemente la radio, curiosamente, el aparato no chupaba nada) y si querías hacer deporte ataviado con un Walkman, la mini-máquina en cuestión acababa por los suelos.
Aparecerían las cintas cromo, que sonaban casi limpias (o eso pensábamos); los casetes de doble pletina, con lo que ya no hacía falta grabarse los temas musicales de la radio; e incluso los Walkman digitales, que eran los de toda la vida pero con los números del dial de la radio en numeración digital en vez de marcados con una aguja de las de las radio de siempre.
Más adelante se popularizaría el cedé… y el discman… Luego el disco duro… y el reproductor de formato Mp3… e incluso de Mp4, con imágenes y todo. Un servidor, hoy, cuando se lleva la música a otra parte lo hace con su teléfono móvil. Lo que son las cosas...
Me gustaría acabar resaltando las ventajas de aquellos corpulentos Walkman, de lo diferente que se escuchaba todo con ellos, de la ternura que destellaban… pero, para que engañarnos, mejor quedarse con la tecnología actual, o incluso, con la que está por venir.
Tema musical relacionado. “Walkman” del disco de Nach “Poesía difusa”, 2003:
Felicidades, Walkman, que descanses en paz.
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